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[ q t r e q t ]



//noon

qué, cómo.

y qué ganas de morirse de cuando en cuando, verdad. tirada en el suelo con el cuerpo congelado porque aquí los inviernos son de escarchar córneas. podría ser un cadáver perfectamente, ahora mismo. pobre niña esa que murió en el suelo de la casa del loco de las plantas, qué desgracia. qué le pasó,  no sé, a lo mejor se pudrió de tanto asco. 
aquí no hay ninguna planta seca, por eso es imposible desconfiar de éste lugar. por mucho que me digan que no entre no pueden tener sentido si no se dan cuenta de que todas las plantas siguen vivas. yo puedo pertenecer aquí, verdad. no creo que sea suficientemente humana. tal vez sea una brizna de césped en realidad. me gusta tocar la tierra y no hacer nada. 

garabateo en los diarios del loco y no me siento abrumadoramente culpable. un poco sí. un poco. intento escribir como lo hacía él (o ellos, porque las caligrafías se alternaban entre lo que parecían ser dos personas distintas) pero era desconcertante. si estaba loco de verdad no lo sé. que era fascinante, sí. que si era verdad aquello que contaba no lo sé. que me daba un poco igual, sí. 

algunas veces empezaba relatando un elemento cotidiano cualquiera del día en cuestión. otras se enrollaba en explicaciones técnicas sobre plantas, y tenía que acudir a los glosarios y los apuntes sobre sus experimentos que tenía en las estanterías. otras describía cómo le estresaba que se hiciese de noche. podría pasarse páginas desvariando sobre temas tan amplios como el universo, desesperándose hasta que las oraciones se juntaban entre sí y las letras eran ondas con acentos. o podría escribir sobre la hierba húmeda. 


cuándo, por qué.

parecía una persona inestable que me caía extrañamente bien. en el fondo, era alguien positivo a quien le gustaba apreciar todo. me hacía feliz que nunca hablara de personas, solo de sí mismo o de las plantas o del cosmos o de la vida o la muerte. le bastaba con reflexionar y experimentar esas cosas, no necesitaba a nadie. no sé si conocía a nadie. me hacía sonreír porque toda la presión que parece existir sobre tener que relacionarse con personas para ser alguien completo no era algo relevante en su mundo. no, yo estaba completa, y Hope o Escarabajo (o quien quiera que correspondiese a los nombres con los que se firmaba el diario) también.

había intentando rellenar las páginas arrugadas con poesía pero mi poesía es vulgar y si me esfuerzo demasiado se nota cómo me esfuerzo en intentar escribir como otros o como me han enseñado que es aceptable. al profesor de lengua a lo mejor le gusta, pero seguro que a Escarabajo no. su inteligencia podría leer que más allá de la pretensión esos versos no esconden nada. arranqué las hojas y las deposité en una carpeta de cartón roído en la que ponía "basura". estaba llena de escritos tachados y rotos a mano. también había de esos en el diario pero por alguna razón no eran basura, y aquellos sí. poca gente archivaría sus errores de esa manera. me pregunté si el síndrome de estocolmo podría explicarlo, pero inmediatamente me sacudí las ideas porque diagnosticar personas es una falta de respeto. y el hobby de medio pueblo.

después de la poesía decidí contar mi vida. y llené páginas y páginas. como había centenares de cuadernos vacíos no me importó mucho. era consciente de que en algún momento en el que empezaba a contar mi día la cabeza me dirigía por otro rumbo y decidía que a lo mejor no había ido al insituto si no que me fui al bosque y encontré unas runas que colocadas en unos dibujos carvados en la roca respondían la pregunta de cómo se formó la materia. lo describía con naturalidad, y gradualmente creo que estaba decidida de que había ocurrido.

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